martes, 10 de septiembre de 2013

¿Causa de la muerte doctor? La estupidez y la ignorancia.


Un gran mal vagabundea por nuestras tierras, entra en las mentes de nuestros conocidos para no salir probablemente jamás, difícil de identificar y yo diría imposible de eliminar, se encuentra en –  la casi la totalidad-  todos nosotros. Sucumba y arrasa en sociedades pobres, jóvenes e inmaduras pero también se le ve muy a menudo aparecer por culturas desarrolladas como la española o la alemana.
La estupidez, la ignorancia, la incultura, el oscurantismo, esa falta de sentido común, esas creencias alucinógenas encontradas de forma natural en los pabellones psiquiátricos pero donde no debería de ser mencionadas entre la gente “sana”. Me refiero a esas costumbres o creencias que si fueron lógicas antaño en los comienzos de nuestra civilización, cuando al observar los acontecimientos de la naturaleza no podían ser explicados por el intelecto pero no ahora, en sociedades altamente tecnológicas, cuya base de todo ha sido el progreso a causa de la ciencia.

Para quien no sepa aun por donde voy, me refiero a esas personas que creen que quemar romero aumenta la probabilidad de tener éxito en la vida, llevan estampitas de santo o piedras que captan la energía negativa, creen que el futuro está escrito en la palma de la mano, congelan estatuillas de un santo o se ponen un trapo de la cocina sobre la cabeza cuando pasa por los alrede
dores el afilador.
Yo pienso que este juicio psicológico que pone en relación dos proporciones, sin que dicha relación estén verificadas ( y sino que me expliquen porque tocar madera da suerte) es una inferencia con cierto nivel de incertidumbre. Por ello creo que existe en personas cobardes cuyas circunstancias en su vida la superan y no tienen los medios y el valor necesario para afrontarla cuya única salida ven posible al amparo de los dioses, santos, videntes, chamanes milagrosos etc.

No intento ni mucho menos herir u ofender a nadie pero si lo hago poco me importa ya que esta mentalidad no sólo hace un gran daño a quien lo padece sino también a terceros inocentes y tan cómplice es quien comete como el que lo ve y no lo denuncia.

Para que comprendáis mejor como esta aptitud y mentalidad pueden herir de gravedad a una persona, os pondré una circunstancia que he vivido, eje central de mi argumento.

En la residencia de ancianos la cual trabajo, una vez cada dos semana alguna urgencia ocurre. Hace ya un tiempo, a un abuelo diabético, le dio una bajada de glucosa, le dí agua con azúcar, pero al estar en estado comatoso apenas la tragaba además corría el riesgo de atragantamiento por lo que fui a la nevera a por una jeringa de glucagón ( una hormona que en una larga reacción en cadena, incrementa la producción de glucosa en sangre). Cuando regreso jeringa en mano, me encuentro a una trabajadora subnormal abriendo paquetitos de mermelada con la intención de untar por todo el cuerpo del abuelo dicho alimento bajo el criterio de que el azúcar de dicha sustancia penetraría por la piel, se asimilaría y subiría los niveles glusémicos y sus cojones también, ya me puede explicar como traspasaría toda la dermis con sus capas, la mucosa y de ahí al torrente sanguíneo, claro que la mermelada no contiene la molécula más simple utilizada por el organismo, la mermelada contiene moléculas complejas que el cuerpo en la digestión tiene que digerir y que en la piel esto no ocurre. A la espera estoy de que a esta mujer le den el premio Nobel de medicina e ir los dos juntos a recogerlo a Estocolmo.
Empeñada en su creencia lo hizo, empapó al abuelo en mermelada, haciéndome perder unos minutos de oro para la vida del hombre y dificultadme el poder pincharlo.

Yo, que voy de pasota por la vida, me dejo pisar por la incidencias laborales, las disputas barriobajeras que ocurren en mi vida me interfieren poco pero cuando hay una vida en juego me transformo cuya reacción cogió por asombro a la curandera cuyo consecuencia fue un enfrentamiento con dicha estúpida. Ella que esta muy crecida no se dejó intimidar por mis razonamientos y mi forma de hablar despectiva, mientras que la vida del anciano estaba en el aire la discusión fue a peor hasta que desde la puerta en la esquina detrás nuestra se oyó de forma tajante: “Por favor, deje de hacer y decir estupideces y lárguese de aquí”. Era el médico que había escuchado parte de la disputa y mando a tomar por el culo a la experta en mermeladas. Había llegado pues el séptimo de razocinionería.

Observáis como este mal del que os hablo si puede llevarse vidas a su paso, puede que os parezca un casi aislado pero recuerdo mientras escribo, una conversación que tuve con un médico en una sala de urgencias, el cual me comentaba cuanta gente llegaban por causas directas de curanderos, médicos alternativos o farsantes en general que o causaban una lesión al enfermo o le prolongaban el no tener asistencia medica, la cual cuando llegaban en un acto desesperado y de necesidad extrema al hospital ya era demasiado tarde cuyo estadio de la misma era muy avanzada, donde de una simple apendicitis cuya extirpación quirúrgica tiene un 99,9 de éxito, llegaban con una peritonitis, apéndices perforado por la inflamación, sepsis, infección generalizada etc.

Ahora en lo personal, me siento solo cuando estoy constantemente topándome con gente de esta calaña, como el prisionero libre de la caverna que una vez segado por la claridad y la verdad, baja en busca de sus compañeros para liberarlos, para guiarlos hacia donde al menos se parpa la realidad pero por más que me empeño, el prisionero libre solo escucha burlas  y quejas; se ríen por dentro o me ven como un ser extraño cuando me ven o saben que estudia ciencia por placer, que dedico mi tiempo libre en la búsqueda y el entendimiento de la realidad y de la naturaleza.

En estos últimos años – y esto es lo más triste de todo- he buscado por fuera de la caverna, en universidades por ejemplo gente curiosa con ansias de conocer y descubrir y de lo poco que he encontrado, todos eran mayores de 40 años, no he visto esas ganas en la juventud de mi tiempo.
Quizás me equivoque y luego me arrepienta pues tengo todo lo que un hombre normal de mi edad quisiera tener, pero daría TODO lo que tengo por poder trabajar y relacionarme en mi día a día con gente que cuente cosas de verdad, que se apasione por lo que realmente hace que seamos una civilización mejor con gente allá donde yo este sea la yo la última mierda donde no tenga nada que enseñar y todo lo que escuche sea todo por aprender.

Muy cansado estoy ya de escuchar perogrulladas y chifladuras de la gente.


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