Un gran mal vagabundea por nuestras tierras, entra en las
mentes de nuestros conocidos para no salir probablemente jamás, difícil de
identificar y yo diría imposible de eliminar, se encuentra en – la casi la totalidad- todos nosotros. Sucumba y arrasa en
sociedades pobres, jóvenes e inmaduras pero también se le ve muy a menudo
aparecer por culturas desarrolladas como la española o la alemana.
La estupidez, la ignorancia, la incultura, el oscurantismo,
esa falta de sentido común, esas creencias alucinógenas encontradas de forma
natural en los pabellones psiquiátricos pero donde no debería de ser
mencionadas entre la gente “sana”. Me refiero a esas costumbres o creencias que
si fueron lógicas antaño en los comienzos de nuestra civilización, cuando al
observar los acontecimientos de la naturaleza no podían ser explicados por el
intelecto pero no ahora, en sociedades altamente tecnológicas, cuya base de
todo ha sido el progreso a causa de la ciencia.
Para quien no sepa aun por donde voy, me refiero a esas
personas que creen que quemar romero aumenta la probabilidad de tener éxito en
la vida, llevan estampitas de santo o piedras que captan la energía negativa,
creen que el futuro está escrito en la palma de la mano, congelan estatuillas
de un santo o se ponen un trapo de la cocina sobre la cabeza cuando pasa por
los alrede
dores el afilador.
Yo pienso que este juicio psicológico que pone en relación
dos proporciones, sin que dicha relación estén verificadas ( y sino que me
expliquen porque tocar madera da suerte) es una inferencia con cierto nivel de
incertidumbre. Por ello creo que existe en personas cobardes cuyas
circunstancias en su vida la superan y no tienen los medios y el valor
necesario para afrontarla cuya única salida ven posible al amparo de los
dioses, santos, videntes, chamanes milagrosos etc.
No intento ni mucho menos herir u ofender a nadie pero si lo
hago poco me importa ya que esta mentalidad no sólo hace un gran daño a quien
lo padece sino también a terceros inocentes y tan cómplice es quien comete como
el que lo ve y no lo denuncia.
Para que comprendáis mejor como esta aptitud y mentalidad
pueden herir de gravedad a una persona, os pondré una circunstancia que he
vivido, eje central de mi argumento.
En la residencia de ancianos la cual trabajo, una vez cada
dos semana alguna urgencia ocurre. Hace ya un tiempo, a un abuelo diabético, le
dio una bajada de glucosa, le dí agua con azúcar, pero al estar en estado
comatoso apenas la tragaba además corría el riesgo de atragantamiento por lo
que fui a la nevera a por una jeringa de glucagón ( una hormona que en una
larga reacción en cadena, incrementa la producción de glucosa en sangre).
Cuando regreso jeringa en mano, me encuentro a una trabajadora subnormal
abriendo paquetitos de mermelada con la intención de untar por todo el cuerpo
del abuelo dicho alimento bajo el criterio de que el azúcar de dicha sustancia
penetraría por la piel, se asimilaría y subiría los niveles glusémicos y sus
cojones también, ya me puede explicar como traspasaría toda la dermis con sus
capas, la mucosa y de ahí al torrente sanguíneo, claro que la mermelada no
contiene la molécula más simple utilizada por el organismo, la mermelada
contiene moléculas complejas que el cuerpo en la digestión tiene que digerir y
que en la piel esto no ocurre. A la espera estoy de que a esta mujer le den el
premio Nobel de medicina e ir los dos juntos a recogerlo a Estocolmo.
Empeñada en su creencia lo hizo, empapó al abuelo en
mermelada, haciéndome perder unos minutos de oro para la vida del hombre y
dificultadme el poder pincharlo.
Yo, que voy de pasota por la vida, me dejo pisar por la
incidencias laborales, las disputas barriobajeras que ocurren en mi vida me
interfieren poco pero cuando hay una vida en juego me transformo cuya reacción
cogió por asombro a la curandera cuyo consecuencia fue un enfrentamiento con
dicha estúpida. Ella que esta muy crecida no se dejó intimidar por mis
razonamientos y mi forma de hablar despectiva, mientras que la vida del anciano
estaba en el aire la discusión fue a peor hasta que desde la puerta en la
esquina detrás nuestra se oyó de forma tajante: “Por favor, deje de hacer y
decir estupideces y lárguese de aquí”. Era el médico que había escuchado parte
de la disputa y mando a tomar por el culo a la experta en mermeladas. Había
llegado pues el séptimo de razocinionería.
Observáis como este mal del que os hablo si puede llevarse
vidas a su paso, puede que os parezca un casi aislado pero recuerdo mientras
escribo, una conversación que tuve con un médico en una sala de urgencias, el
cual me comentaba cuanta gente llegaban por causas directas de curanderos,
médicos alternativos o farsantes en general que o causaban una lesión al
enfermo o le prolongaban el no tener asistencia medica, la cual cuando llegaban
en un acto desesperado y de necesidad extrema al hospital ya era demasiado tarde
cuyo estadio de la misma era muy avanzada, donde de una simple apendicitis cuya
extirpación quirúrgica tiene un 99,9 de éxito, llegaban con una peritonitis,
apéndices perforado por la inflamación, sepsis, infección generalizada etc.
Ahora en lo personal, me siento solo cuando estoy
constantemente topándome con gente de esta calaña, como el prisionero libre de
la caverna que una vez segado por la claridad y la verdad, baja en busca de sus
compañeros para liberarlos, para guiarlos hacia donde al menos se parpa la
realidad pero por más que me empeño, el prisionero libre solo escucha
burlas y quejas; se ríen por
dentro o me ven como un ser extraño cuando me ven o saben que estudia ciencia
por placer, que dedico mi tiempo libre en la búsqueda y el entendimiento de la
realidad y de la naturaleza.
En estos últimos años – y esto es lo más triste de todo- he
buscado por fuera de la caverna, en universidades por ejemplo gente curiosa con
ansias de conocer y descubrir y de lo poco que he encontrado, todos eran
mayores de 40 años, no he visto esas ganas en la juventud de mi tiempo.
Quizás me equivoque y luego me arrepienta pues tengo todo lo
que un hombre normal de mi edad quisiera tener, pero daría TODO lo que tengo
por poder trabajar y relacionarme en mi día a día con gente que cuente cosas de
verdad, que se apasione por lo que realmente hace que seamos una civilización
mejor con gente allá donde yo este sea la yo la última mierda donde no tenga
nada que enseñar y todo lo que escuche sea todo por aprender.
Muy cansado estoy ya de escuchar perogrulladas y chifladuras
de la gente.