Trabajo en una residencia del suroeste de Madrid, desde hace
varios años y hoy haciendo unas preguntas y atando cabos he descubierto una
actividad ilícita que me ha llenado de ira y frustración.
El geriátrico donde trabajo tiene un segundo almacén que no
consta en ningún documento oficial, del cual ni inspecciones ni auditorias
saben de su existencia. En él, además de suciedad tenemos la medicación que se
va acumulando de los residentes y también se amontona la medicación que se va
caducando. El otro día quede perplejo ante la inmensa cantidad de medicación
que se caduca y que a pesar de no ser necesitada por los usuarios sigue
llegando y se sigue caducando, tanta cantidad que se puede nadar entre cajas,
blister, botes, etc.
Pregunte a la trabajadora que se encarga de pedir la
medicación a la farmacia y le pregunte por qué ocurría esta barbaridad. No me
lo dijo literalmente pero en su rostro y en sus palabras me quiso decir que ese
problema iba a continuar porque la farmacia iba a comisión con la propia
geriátrica por tanto cuando más se pedía más ganancias tenían aunque luego esta
se tirara.
La impotencia me lleno de ira al pensar como en primer lugar
dos empresas se lucran de la mentira, obtienen dinero de lo que todos pagamos (
ya que los medicamentos al ser de pensionistas, gran parte la paga el estado),
de saber como conocidos míos no pueden acceder a los fármacos que necesitan o
bien por no ser españoles y no tener acceso al sistema sanitario o bien por no
tener dinero y por último, lo que esto supone al medio ambiente ya que los
fármacos tienen una gran carga contaminante.
Como puede una persona intentar llevar a cabo una empresa
cargándose a sus espaldas tantos actos delictivos y no éticos (en futuras entradas explicaré más), yo sinceramente no podría
dormir. Es necesario realizar esto acción por el bien de la empresa, por el bien personal, por el triunfo -por un falso triunfo- y por el dinero.
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